
Por casualidades de los vuelos, una vez me tocó hacer una escala de 9 horas en la ciudad marroquí de Casablanca, así que aproveché para conocer lo imprescindible en un destino que no suele ser muy visitado en comparación de otros lugares del país, como Essaouira, Chefchaouen, o el desierto de Merzouga
Tras aterrizar a las 8 de la mañana en el Casablanca Mohammed V International Airport y sellar mi pasaporte (no se necesita visado) , me dirijo a la estación situada en la planta baja para tomar el tren al centro de la ciudad (a 32 km.) Los convoyes salen cada hora y el billete sencillo , que se puede comprar en las máquinas o mostradores del aeropuerto, o en la web de ONCF, cuesta 43 dirhams marroquíes (4€ al cambio) . Mi destino es la Casa Port Gare, y el trayecto dura unos 50 minutos

No había sido lo suficientemente previsor para descargarme con anterioridad el mapa de Maps.me y no disponía de roaming en Marruecos (la wifi del aeropuerto funcionaba fatal). Así que camino hacia la Plaza de las Naciones Unidas , centro neurálgico de la ciudad, en busca la oficina de turismo más cercana La primera impresión que obtengo de la urbe más poblada de todo el Magreb , con casi 3 millones y medio de habitantes, es de modernidad, aunque con un tráfico horrible.

Una vez me he hecho con un plano en papel, me dirijo bordeando la costa a pie, al símbolo más icónico que ver en Casablanca, la mezquita del Rey Hassan II , la tercera más grande del mundo. Resulta fácil de encontrar, debido a su minarete de más de 200 metros de alto. Existen visitas guiadas por el interior a las 9, 10, 11 y 14 horas, excepto los viernes, que son sólo a las 9 y a las 14, por 120 dirhams (unos 11€). Casualmente estamos a viernes y no quiero arriesgarme a perder el tren de vuelta y consecuentemente el avión, así que me conformo con disfrutar de su espectacular exterior
Al haber sido construída en la línea de costa, me acerco a ver La Corniche, el distrito playero, que da la sensación de haber conocido mejores épocas en el pasado. La verdad que la limpieza de la playa no invita a pegarse un baño, a pesar de encontrarnos a 27ºC en pleno mes de Marzo

El camino de vuelta al centro lo realizo atravesando la Antigua Medina, el entramado de laberínticas calles construido en Casablanca durante el siglo XIX. Los mostradores exteriores de las tiendas de souvenirs se entremezclan con otras de alimentación, donde me llaman poderosamente la atención los cartones de huevos a pleno sol, o un carnicero espantando las moscas de su mercancía con una especie de escobilla. Por fin había encontrado el Marruecos auténtico. Lo que me sorprende positivamente es que , al contrario de lo que me esperaba, ningún vendedor me viene a atosigar. Cierto es que por mi aspecto y al ir sólo, no tengo pinta de turista

Ya de vuelta en la Plaza de las Naciones Unidas , me doy un garbeo hasta la Plaza de Mohamed V, centro administrativo de Casablanca, buena muestra del urbanismo de la primera mitad del siglo XX, con una bella fuente en el medio. No lejos de allí se encuentra el Parque de la Liga Árabe, perfecto para pasear y visitar la curiosa Catedral del Sagrado Corazón
Sin más dilación retorno a la estación Casa Port, donde cojo el tren de regreso al aeropuerto, con tiempo suficiente para pasar los dos controles de seguridad antes de acceder a la zona de salidas del aeropuerto. Siempre me gusta llegar con una antelación de dos horas mínimo para vuelos internacionales


