Capítulo anterior : Macedonia

Día 5: Ohrid – Berat (156 km.)

Nos despedimos temporalmente de Macedonia por las orillas del lago y cruzamos el puesto de control donde el mayor celo también consiste en comprobar los papeles del coche. Sospechosamente a partir de ahora más de la mitad de los turismos que veamos van a ser de la marca Mercedes, algunos de ellos con el volante a la derecha . Los primeros kilómetros por territorio albanés transcurren descendiendo un puerto de montaña. La primera parada técnica para sacar LEKs (moneda local) y almorzar unos bureks y algo de fruta la realizamos en una transitada calle de Elbasan. Los precios son todavía más baratos que en Macedonia si cabe

Impresionantes vistas de Berat desde su castillo

Hora y media después y tras atravesar otro puerto de montaña, en el que en algún tramo vemos que la mitad de la carretera había desaparecido literalmente ladera abajo, comenzamos a ver las señalizaciones que indican la llegada a Berat. Nos sorprende ver pozos petrolíferos a los lados de la carretera, similares a lo que hay en la comarca de las Loras en Burgos, y es que por lo visto existen yacimientos de petróleo por esa zona. La ciudad de los mil ojos, como se la conoce, está dividida en 3 barrios , Kajala o barrio del castillo en lo alto, Mangalem o barrio históricamente musulmán, cuyas ventanas parecen observarnos dando el sobrenombre a la localidad, y Gorica o barrio cristiano ortodoxo, al otro lado del río Osum pero unido por un hermoso puente peatonal. Todos ellos la confieren la categoría de Patrimonio de la Humanidad

Callejuelas en Mangalem, el barrio musulmásn de Berat

Primeramente subimos a la fortaleza, desde cuyas calles empedradas disfrutamos de unas vistas impresionantes de toda la villa. Incluso existen viviendas dentro del área amurallada. La entrada cuesta poco más de un euro

Acto seguido nos disponemos a realizar el check-in en el el Hotel Ajka, un precioso palacio completamente reformado y en el que pagamos 35 € ¡los 4! con desayuno incluído. El lugar está en el barrio ortodoxo, que al ser el menos turístico desprende una atmósfera como de otro tiempo. Es imprescindible dar un paseo por sus iglesias bizantinas y también contemplar desde allí las vistas de las casas llenas de ventanas de Mangalem. Impresionante

El fascinante barrio musulmán se caracteriza por sus casas blancas típicamente otomanas, encaramadas a la ladera del monte que sube al castillo. Merece la pena perderse por sus empedradas callejuelas y visitar sus mezquitas, que son de las más antiguas de Albania.

Vista general de Berat desde el barrio ortodoxo

Berat también tiene una zona moderna repleta de cafés y terrazas , ideal para pasear y tomar unas cervezas Tirane al atardecer, antes de degustar una suculenta cena a base de platos tradicionales albaneses en el restaurante WillDor. Yo personalmente comí «pace» (una especie de callos muy sabrosos). Tras bebernos unos chupitos de raki de sobremesa, el camino al hotel nos reservaba la última sorpresa de la jornada: el espectáculo de la iluminación nocturna de las casas de Mangalem contemplado desde la otra orilla del río. Berat nos había enamorado a la primera.

Día 6: Berat – Girokaster – Ksamil (232 km.)

Tras un copioso desayuno con las  últimas vistas a los mil ojos de Berat, partimos hacia la otra ciudad albanesa Patrimonio de a Humanidad: Girokaster. ¡Mucho ojo aquí!: el GPS nos indicaba ir en dirección sur por una carretera que en teoría era el camino más rápido. Pero tras media hora subiendo por una montaña y atravesando aldeas cuyos habitantes nos miraban perplejos, dicha carretera terminaba en un camino de cabras por el que lógicamente no se podía circular. Así que media vuelta para coger la SH72 en dirección oeste y 2 horas y media después estábamos en nuestro destino

La torre del reloj del castillo de Girokaster

Girokastra, como también lo veréis escrito, tiene dos zonas bien diferenciadas: la parte nueva , en la que ni entramos, y la ciudad-museo, una extensa red de empinadas calles empedradas, distribuidas sobre la ladera de una montaña, que conducen no sin esfuerzo a un castillo del siglo XIII. Se necesita un buen rato para perderse por la fortaleza, explorando el Museo de Armas, la Torre del Reloj, y sobretodo su patio, con increíbles vistas del Valle del Drina y de las Montañas Lunxhëeria. ¡Incluso hay un avión americano de la Guerra Fría!

Afuera de la ciudadela, alrededor del Antiguo Bazar o Pazari i Vjetër, existe un recorrido para ver varios kullë, palacios de origen otomano, en diferentes estados de conservación, entre los que llama la atención la casa natal de Enver Hoxha, ex-dictador comunista del país.

El azul turquesa del Blue Eye

Tras un rápido almuerzo en uno de los muchos restaurantes de la ciudad vieja, continuamos hacia la costa. En el camino , hacemos un pequeño desvío hasta uno de los mayores tesoros naturales de Albania: La misteriosa surgencia de agua conocida como Blue Eye (Syri i kaltër), por su hipnótico tono azul.

Faltaba todavía un rato para el atardecer mientras atravesábamos las dos localidades más turísticas de la Riviera Albanesa, Sarande y Ksamil, que en Agosto se llenan de turismo nacional, pero que en Abril tenían un aspecto fantasmal, como si de un Salou vacío se tratara. Nuestro hotel estaba en ésta última, por el cual pagamos  25 € para cuatro personas, también con desayuno incluído. Sin duda  el alojamiento más barato de todo el viaje (y me atrevería a decir que de toda mi vida). Fue también en Ksamil donde pudimos disfrutar de una increíble puesta de sol, con la silueta de la isla griega de Corfú a menos de 2 km., en la terraza de uno de los pocos bares que había abiertos en la playa.

Puesta de sol desde Ksamil, con la isla de Corfú al fondo a la izquierda

Esa noche tocó probar el pescado y marisco típico de la zona para cenar (daba la sensación que éramos los únicos viajeros que había en el pueblo)

Día 7: Ksamil – Himare – Vlore (139 km.)

Ksamil se encuentra en una especia de península que vista en un mapa podría recordar a la manga del Mar Menor. En el extremo sur de esa lengua de tierra se encuentra el Parque Nacional de Butrinto. 5 kilómetros más allá está la frontera con Grecia, como así nos recuerdan los letreros bilingües que llevamos viendo desde el día anterior. Dentro de los límites del parque encontramos  el monumento histórico más visitado de Albania, las ruinas de la ciudad de Butrinto. El conjunto es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y por allí pasaron griegos, romanos, bizantinos, venecianos y otomanos. Empleamos gran parte de  la mañana en recorrerla , como en un increíble viaje al pasado del Mediterráneo. La entrada cuesta 700 LEKs (menos de 6 euros)

Teatro de Butrinto

Ponemos rumbo al norte, por la carretera que bordea toda la Riviera Albanesa, que es una sucesión de preciosas playas y pueblos pintorescos. Decidimos parar en uno de los más conocidos, Himare, donde me doy el primer chapuzón del año (el agua estaba helada en Abril) y comemos con vistas al mar, para terminar comprando una Baklava para endulzar la sobremesa

A la salida comenzaban las primeras rampas de lo que sería la sorpresa positiva del día , y es que la carretera serpenteaba cuesta arriba mientras teníamos unas vistas de infarto de las montañas nevadas a un lado y el mar al otro, hasta llegar al mítico Paso Llogara, a más de 1000 m. de altitud, que marca el límite de la Riviera, o lo que es lo mismo, entre el Mar Jónico y el Adriático. Allí , en un búnker de los más de 170.000 (700.000 dicen otras fuentes) que se construyeron en el país durante la dictadura, se encuentra uno de los miradores más hermosos en los que que recuerde haber estado.

Espectaculares vistas desde un búnker en el paso Llogara

Esa noche la pasábamos en la animada ciudad de Vlore, desde cuyo paseo marítimo vimos el atardecer y tomamos unas cervezas, justo antes de cenar una suculenta parrillada de marisco por menos de 10€ por barba al cambio

Atardecer en el paseo marítimo de Vlore

Día 8: Vlore – Durrës – Tirana (154 km.)

A pesar de que nos habían dicho que no merecía mucho la pena, habíamos organizado el viaje de tal manera que el sábado nos pillara en la capital, Tirana. Antes de dirigirnos a ella nos desviamos hasta Durrës, segunda ciudad y principal puerto del país. Su principal atractivo son las ruinas de un anfiteatro romano en pleno centro, así que tampoco le dedicamos mucho tiempo.

Tras un monumental atasco, entramos en la capital, con 418.000 habitantes, cuyos principales atractivos se encuentran alrededor de la gigantesca plaza dedicada  al héroe nacional más querido: George Kastrioti Skanderbeg. Aparte de su estatua ecuestre, en la misma plaza se encuentran: el Museo de Historia Nacional, el teatro de la Ópera, varios edificios institucionales, la torre del reloj y la bonita mezquita de Et’hem Bey. Nuestro hostal estaba allí mismo, justo encima de una panadería donde vendían unos bureks para reponer fuerzas antes de explorar los alrededores.

La enorme plaza Skandenberg de Tirana
La pirámide de Tirana

Aquí fue en el único sitio de los 10 días donde pudimos hacer un free tour guiado (eso sí, en inglés) , cuyo simpático guía nos explicó (a nosotros y otras 3 personas más), durante 2 horas, la historia antigua y reciente del país y de la ciudad. Entre las curiosidades más interesantes están: la faraónica pirámide abandonada que la hija de Enver Hoxha quiso dedicarle a su padre en 1988, un antiguo búnker convertido en museo, y el moderno barrio de Blloku, donde los antiguos lideres comunistas vivían rodeados de lujos mientras la mayor parte de la población estaba sumida en la pobreza. Precisamente es en este barrio donde se encuentran ahora los restaurantes y cafeterías más cool, y donde las nuevas generaciones se disponían a disfrutar de la tarde-noche del sábado, que se alargaría hasta bien entrada la madrugada

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