Si bien Nueva York puede considerarse la capital del hemisferio occidental, si hubiera que escoger una ciudad que representara por igual a Oriente y Occidente, esa sería sin duda Estambul (ya lo decía Napoleón). La antigua Constantinopla o Bizancio sin duda es una de las ciudades más fascinantes que he visitado y que por supuesto no me importaría repetir . Más de 15 millones de habitantes hacen de ella la ciudad transcontinental más grande del mundo. Esto quiere decir que la ciudad se extiende sobre dos continentes, Europa y Asia, separados por el Estrecho del Bósforo. Pero es que a su vez, el cuerno de Oro (un estuario perpendicular al mar) divide la parte Europea en otras dos zonas diferenciadas. Todo esto hace que la capital de Turquía bien merezca una semana completa para disfrutarla en su totalidad. Yo no tuve esa suerte, así que voy a relatar unos consejos básicos para una escapada de poco más de dos días que realicé hace año y medio
Mejor época para ir a Estambul

Yo estuve a finales de Noviembre y, a pesar de ser una ciudad mediterránea, realmente hacía frío. También tiene pinta que en verano aquello sea un cocedero, así que creo que la mejor época para visitarla tiene que ser en primavera o principios de otoño
Documentación necesaria y moneda
Para entrar en Turquía es necesario un visado , que cuesta unos 25 €. Si lo tramitas con antelación desde la web oficial (https://www.evisa.gov.tr/es/) , te ahorrarás hacer cola en el aeropuerto
La moneda oficial es la lira turca (TRY). Cada lira se divide en 100 kurus o céntimos. Puedes cambiar en el propio aeropuerto o en cualquier oficina de las que verás por la calle, aunque yo suelo sacar en cajeros con alguna Visa de las que te devuelven las comisiones, como por ejemplo Revolut o Bnext
¿Dónde alojarse?
En una urbe tan inmensa la zona donde te alojes va a ser determinante , ya que vas a tener que moverte de un lado para otro. La zona con los monumentos más importantes es la cercana a Sultanahmed, aunque después de las horas de visitas turísiticas se queda un poco muerta. Nosotros reservamos en un hotelito en una de las callecitas perpendiculares a la peatonal Istiklal , en el distrito de Beyoglu, cerca de la plaza de Taksim
Transportes
Como en casi todas las ciudades grandes el metro va a ser tu aliado. Funciona como una especie de tarjeta prepago que tienes que ir cargando según lo vayas necesitando. La misma tarjeta asimismo sirve para los autobuses, tranvías y también los ferris.
Como podrás imaginar, el tráfico es un caos en Estambul, así que, a no ser que vayas a visitar otra ciudad, no te recomiendo alquilar un coche. Por el mismo motivo tampoco te recomiendo coger un taxi, pero si tienes que hacerlo, acuerda siempre antes el precio con el conductor, y aún así es probable que intenten engañarte viendo que eres turista.
Dia 1
Tras 4 horas de vuelo desde Madrid con Pegasus (línea de bajo coste turca), aterrizamos un sábado por la tarde en el aeropuerto Sabiha Gökçen, en la parte asiática de la ciudad. Tras cambiar euros por liras turcas (1 TL= 0,13 euro), cogemos un Havabus con destino a Taksim, (18 TL, sólo se puede pagar en metálico, de ahí el haber cambiado dinero en la propia terminal) Los 60 minutos de trayecto en los que circulamos tanto a través de barrios residenciales como de zonas con modernos edificios de oficinas nos sirven para hacernos una idea de lo enormemente grande que es la ciudad. Esa sensación se acrecenta cuando atravesamos el Sultan Mehmed Bridge, uno de los puentes en los que Europa y Asia se dan la mano, de 1090 m. de largo

Llegamos a la emblemática plaza Taksim, centro neurálgico del Estambul moderno con su Monumento a la República , y nos adentramos por una atestada calle Instiklal, repleta de gente paseando, comprando en las tiendas de moda, o tomando algo en uno de los abundantes locales de la zona
Tras hacer el check-in en nuestro hotel, Chambers Of The Boheme (117€ la habitación triple para 3 días) , gestionado por un amable kurdo, salimos a probar la sabrosa comida callejera turca, muy económica también, donde aparte del mundialmente conocido Doner Kebab triunfan las hamburguesas Islak, con carne adobada. Y seguidamente, conocer la animada vida nocturna con unas cuantas cervezas en la mano (el alcohol ya no sale tan barato, podríamos decir que es parecido a España). Dos cosas nos sorprendieron enormemente. Primero: los sábados por la noche se puede disfrutar de música en directo en casi todos los bares, desde heavy metal (especialmente recomendable el Dorock TXM bar) hasta música tradicional otomana. Y segundo: la calle Instiklal parece no dormir nunca, con tiendas de alimentación abiertas e incluso obras en el pavimento pasadas las 2 de la mañana
Dia 2

El día anterior ya habíamos fichado al lado del hotel varias pastelerías en cuyos escaparates se mostraban baklavas y otros dulces turcos rezumando miel, un anzuelo para los golosos como yo. Así que desayunamos en una de ellas, antes de tomar el único funicular subterráneo que he visto en mi vida. Al tratarse Estambul de una ciudad en desnivel, este transporte, (el segundo más antiguo del mundo tras el metro de Londres) desciende hasta Kabatas, ya al nivel del mar, donde cogimos un tranvía que nos llevaba a Sultanahmed, ya en la orilla sur del Cuerno de Oro. En esta enorme plaza (no en vano era el antiguo hipódromo) se encuentran 3 de las joyas arquitéctónicas de la ciudad,

Estaba ansioso por conocer la basílica de Santa Sofia (Hagia Sophia), ahora convertida en museo, que no defraudó a mis expectativas. a pesar de la cola que tocó hacer para entrar. Durante las casi dos horas que dura la visita uno no puede evitar dejar de admirar boquiabierto las sobrecogedoras dimensiones de la sala principal (70 por 74 metros) con los enormes medallones decorativos y sus mosaicos, perfectamente explicado por la audioguía, todo por 60 liras, unos 9€. Los lunes cierra, como casi todos los museos de la ciudad.
A tiro de piedra. se encuentra la Cisterna de Yerebatan, también conocida como Cisterna Basílica o Palacio Sumergido, con su cavidad subterránea y sus 336 columnas de mármol, creando una atmósfera mágica. Merece la pena pagar los menos de 3 euros de la entrada
Tras reponer fuerzas en uno de los muchos restaurantes de la zona y degustar el típico helado turco (con espectáculo del heladero incluido), entramos en la grandiosa mezquita Azul o del Sultán Ahmed, frente a la primera, gran obra del arte otomano y la única de los 3 monumentos abierta para el culto, con lo cual la entrada es gratuita, aunque lógicamente hay que llevar vestimenta adecuada y descalzarse antes de entrar.

Desafortunadamente, no pudimos acceder al palacio Topkapi y su famoso Tesoro, ya que estaba cerrado por obras de restauración. Uno de los muchos motivos por los que volver a Estambul
Después de tanto monumento, tocaba un momento de relax para disfrutar de un té turco y una shisha viendo el fútbol, que parece ser el pasatiempo preferido masculino los domingos por la tarde, A pesar de que el Gran Bazar y el Bazar de las Especias no abren ese día, los cientos de tiendas y talleres que los rodean en el distrito de Eminonu sí que lo hacen, así que con la promesa de volver al día siguiente, recorrimos las callejuelas del barrio , corazón de la antigua ciudad amurallada de Constantinopla, en dirección al Puente de Gálata. Esta plataforma, la más famosa de las que cruza el Cuerno de Oro, tiene dos niveles, uno de paso en la parte superior y otro comercial en la parte inferior repleto de restaurantes.

La Torre Gálata nos recibe en la orilla norte, de nuevo en Beyoglu. Desde su parte más alta se obtiene una de las mejores vistas nocturnas de Estambul, como demostraba la cola que nos tocó hacer para entrar . Se trata de una de las torres más antiguas del mundo , con una altura de más 50m. y muros de casi 4 m. de ancho.
Tras subir a pie el mismo trayecto que por la mañana habíamos realizado en funicular, atravesamos de principio a fin la calle Instiklal, para meternos entre pecho y espalda una cena tradicional turca, e irnos a descansar tras una jornada intensa
Día 3

Volvemos a las inmediaciones del puente Gálata, pero esta vez al puerto de Karakoy , con la intención de embarcarnos en uno de los muchos barcos que recorren el Bósforo. De todas las opciones que existen (desde líneas regulares que simplemente transportan pasajeros entre las diferentes orillas hasta cruceros que te llevan hasta el Mar Negro), nos decantamos por una de las primeras , que nos deposita en el barrio de Uskudar en el lado asiático de la ciudad, por menos de medio euro. El trayecto dura alrededor de un cuarto de hora. Recomiendo asomarse al exterior para ver de cerca los enormes cargueros de mercancías que surcan continuamente las aguas el estrecho. También llama la atención la curiosa Torre Kiz Kulesi (Torre de Leandro o Torre de la Doncella), en un islote cercano a la costa.

El transbordador nos deja en los alrededores de la zona monumental, la plaza que da nombre al barrio. Asia nos recibe con la llamada a la oración desde las mezquitas (la más famosa es Mihrimah Sultana Camii o Mezquita de Iskele). Aunque no hayamos cambiado de ciudad, se nota que estamos en otro continente. Se trata de un Estambul lleno de callejuelas laberínticas, más auténtico y menos turístico. No podemos resistirnos a tomar un zumo natural en una terraza cercana. Una maravilla. Recorremos la bulliciosa lonja de pescado y el adyacente mercado popular donde comprobamos que los precios son inferiores que en el lado europeo , al cual nos disponemos a volver en otro ferry de vuelta.

El destino será el célebre distrito de Besiktas , conocido internacionalmente por su equipo de fútbol. De hecho su imponente estadio Vodafone Park es de lo primero que vemos. Las calles del barrio, siempre concurridas, están llenas de bares, cafeterías, donde comer barato y bien. Al ser lunes, el edificio más famoso estaba cerrado, el Palacio de Dolmabaçe , cercano al embarcadero. Es aquí desde donde iniciamos un crucero de unas dos horas por las orillas del Bósforo sin paradas (excepto unas rápidas en los puertos para subir y bajar), Se trata sin duda de la mejor opción para quien dispone de poco tiempo. Durante la ida el barco avanza por el lado europeo, y durante el regreso por el lado asiático. Por megafonía se van describiendo las joyas que jalonan sus orillas: El propio palacio de Dolmabaçe, el Palacio de Çırağan, la mezquita y barrio de Ortakoy , aunque lo más espectacular es pasar por debajo de los dos puentes colgantes que unen los dos continente. Existen otros cruceros largos de unas 6-7 horas que parten del puerto de Eminonu y que llegan hasta el Mar Negro.

Desembarcamos a primera hora de la tarde, hora perfecta para recorrer los dos bazares de los que presume la capital turca (lógicamente los adictos a las compras necesitarían una jornada completa) Al encontrarse más cercano al mar, primeramente nos dirigimos al Bazar de las Especias, también llamado Bazar Egipcio (Mısır Çarşısı). Es uno de los mercados más antiguos de Estambul y uno de los mejores lugares de la ciudad para comprar productos típicos como especias, dulces o frutos secos.

Un agradable paseo nos lleva a una de las 22 puertas para acceder al gigantesco recinto del Gran Bazar (Kapalıçarşı), uno de los mercados más grandes y antiguos del mundo. Se ubica en un área cubierta de 45.000 metros cuadrados y cuenta con cuenta con más de 3.600 tiendas que se distribuyen en un laberinto de 64 calles. Aparte de las 20.000 personas que trabajan en él el número de visitantes diarios oscila entre los 300.000 y los 500.000 dependiendo de la época, así que no sorprenden los impresionantes controles de seguridad . A mí, personalmente , entre que tanta oferta de alfombras, ropa y artesanía me abruma, y que odio regatear por un producto, con una hora he tenido más que suficiente . Aunque no me voy sin un par de prendas de vestir nuevas. Por cierto, todos los vendedores hablan español, entre otros muchos idiomas
Ya ha anochecido cuando de vuelta en el embarcadero de Eminonu, probamos uno de los sabores más típicos de Estambul, los famosos bocadillos de caballa (Balık ekmek) que sirven en unas barcazas flotantes al pie del puente de Gálata. No has estado en Estambul si no los has probado
Día 4
Para poner un sabroso broche final a esta maravillosa ciudad , volvemos a desayunar a base de baklava y otros dulces típicos no aptos para diabéticos, antes de dirigirnos a Taksim para buscar un taxi que nos llevara esta vez al viejo aeropuerto de Ataturk, en la parte europea, (ahora ya cerrado desde 2019), y vivir desde dentro el caótico tráfico de Estambul (10 € acordamos con el taxista, siempre antes de montarse)




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