Día 9: Tirana – Prizren (190 km.)

Dejábamos Tirana satisfechos de haberla reservado un día, y llevándonos muy buen sabor de boca del país. La siguiente parada ya sería en Kosovo, que hace no mucho tiempo estaba sumido en una guerra por su independecia. La primera sorpresa positiva llegaba incluso antes de entrar. La zona montañosa que hace de frontera con Albania está atravesada por una autovía completamente nueva, que no tenía nada que envidiar a las de España. Llamaban la atención las miles de banderas con el águila bicéfala sembradas durante varios km. a lo largo la mediana. También alguna señal de tráfico para tanques

Tras pasar el puesto de control (aquí sí que nos pusieron sello en el pasaporte), y pagar los 15 € necesarios para circular con seguro, nos dirigimos a Prizren. Aquí tuvimos la segunda sorpresa fue la llegada a la localidad, que nos recibía con un fenomenal ambiente de domingo a mediodía , con un montón de turistas y familias paseando por el precioso barrio de Shadervan y abarrotando las terrazas, mientras sonaban de fondo los cánticos de los muecines llamando a la oración a través de los altavoces de las mezquitas. Así que en el momento que se quedó una mesa libre en el restaurante grill Pashtriku, nos apresuramos a coger sitio para degustar la tradicional carne asada con unas cervezas Peja.

Los mayores atractivos del barrio, que es el verdadero alma de la ciudad y donde se encuentra el centro histórico son: el emblemático Puente de Piedra, la Plaza de la Fuente, la iglesia Our Lady of Ljevis y la mezquita Sinan Pasha. Dominando todo ello se encuentra el castillo o Kalaja, al cual se puede subir en autobús o andando durante unos 15 minutos por una cuesta muy empinada. Desde sus bien conservadas murallas se tienen fantásticas vistas del barrio antiguo y todo Prizren.
Tras hacer el check-in en el alojamiento(la gente que lo llevaba era amabilísima) , nos relajamos con un agradable paseo y más cervezas por la orilla del río. Al anochecer, nos pegamos una cena de auténtico lujo en el restaurante Marashi por menos de 18€ cada uno (en Kosovo se manejan euros al no tener moneda propia), que en España no habría bajado de 50€. Tuvimos que tomarnos unos cuantos raki en los bares, que continuaban abiertos a pesar de ser domingo por la noche, para ayudar a hacer la digestión
Día 10: Prizren – Pristina – Skopje (178 km.)

La primera impresión de Kosovo no podía haber sido mejor. Ahora nos disponíamos a conocer su capital, Pristina. Con unos 200.000 habitantes, lo mejor es recorrerla a pie. Aparcamos el coche cerca de la estatua de Bill Clinton, uno de los benefactores de la independencia, en la avenida del mismo nombre. Continuando en línea recta llegamos a la moderna Catedral, y al curioso edificio de la Biblioteca Nacional. Mientras escuchamos la llamada a la oración de las mezquitas , recorremos un mercado hasta acabar en el monumento Newborn, que celebra el reciente nacimiento del país. Cerca de allí podemos encontrar una gran zona peatonal. Básicamente es una unión de varias plazas y calles anchas que empieza en la plaza Skënderbau hasta la Plaza de la Madre Teresa. Es un buen sitio para sentarse en una terraza a tomar una cerveza antes de volver al coche para cruzar la frontera macedonia. En el atasco formado en el paso fronterizo de Elez Han, varios grupos de niños mendigando nos recuerdan que estamos atravesando una de las zonas más deprimidas de Europa

Otra vez en Skopje por segunda vez en este viaje, aprovechamos que esta vez hace buen tiempo para redescubrir sus parques repletos de estatuas, y darnos un último gustazo de cenar carne asada con unos chupitos de raki de postre
Día 11: Skopje – Sofía y vuelta a España (243 km.)
Sin tiempo que perder volvemos a atravesar la frontera búlgara para llegar a tiempo a devolver el coche de alquiler y estar con antelación en el aeropuerto satisfechos después de 11 días geniales y muy bien aprovechados



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